La zona de deseos

La zona de deseos


En los 1990, un sacerdote misionero en Taiwán era el párroco de una pequeña parroquia que tenía un jardín de infantes adjunto. El jardín estaba infrautilizado y luchando. El Padre Gerry Neylon, un misionero Columbano de Irlanda, comenzó a notar que poca ayuda estaba disponible en aquel entonces para las familias con niños de educación especial. Por coincidencia, un misionero laico americano que tenía experiencia trabajando en educación especial estaba disponible para trabajar junto a Padre Gerry y ayudar a los niños de educación especial. Desde los comienzos más humildes, una nueva institución llamada “El Centro de la Sagrada Familia para Educación Especial” fue creado.

Con el pasar de los años los fundadores fueron transferidos a otros nombramientos, pero el crecimiento del centro continuó. Fue lento pero estable y, sobretodo, continuo. Para el 2007 el centro estaba sobrepasando su local original en varias clases del jardín infantil. Un comité de directores existía y con el apoyo del Obispo Lee de la diócesis local, comenzaron a planificar un edificio de 5 pisos que eventualmente seria conocido como “la zona de deseos.” Costó alrededor de $1.8 millones de dólares de la administración de asuntos sociales y familiares del ministerio del bienestar y otros $180,000 de la lotería de Taiwán y muchas donaciones de comunidades, pero eventualmente la zona de deseo se convirtió en una realidad en 2012.

Lo más importante de la zona de deseo no es el edificio, sino lo que ocurre dentro del edificio y en los corazones y mentes de los estudiantes. Es un lugar donde los jóvenes que usualmente sienten que no pueden hacer lo mismo que los demás, descubren que pueden aprender destrezas y hacer sus propias contribuciones a la sociedad. Para muchos de los estudiantes, hasta las tareas más simples necesitan ser simplificadas para ser dominadas. Pero con paciencia, fe y esperanza, hay destrezas que pueden aprender. Los maestros y sus propias destrezas y paciencia son los ingredientes más importantes en esta receta de éxito educativo: sueños imposibles convirtiéndose en sueños hechos realidad.

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