La Misericordia que Sana

Padre misericordioso, nunca rechazas a quienes te buscan.

Sana las heridas que llevamos ? las causadas por el pecado, el dolor o el arrepentimiento.

Enséñanos a perdonar con la misma libertad con que Tú nos perdonas.

Que nuestras vidas se conviertan en canales de reconciliación en las familias,
los lugares de trabajo y las comunidades.

Renuévanos con tu gracia y ayúdanos a seguir adelante
libres de cargas, restaurados por tu amor que nunca falla.


Amén.